domingo, 19 de febrero de 2012

Realidad Irreal

    Todo transcurría normal, como cualquier sábado de primavera. Lolita Había salido a tomar aire luego de un agobiante clima de estudio. Todavía con la marca de la mano sobre su frente, se lanzó a la calle sin un rumbo determinado previamente, solo sabía que necesita escabullirse entre esa masa de gente comprimida que tanto caracteriza al centro de cada ciudad.
     Mujer de piernas delicadas y andar elegante, casi sin proponérselo,  captaba la atención de todo tipo de hombres y no tan hombres. Una especie de mujer fatal para la jerga popular.
     Casi con la vista nublada se dirigió a la calle más transitada de la ciudad en donde le empezó a pasar algo que jamás había experimentado; comenzó a levantar la cabeza y ver que el mundo que la rodeaba no eran tan solo números y estadísticas, sino que se encontró con la frescura de la juventud de aquellos infanto-juveniles que deslizaban sus skateboards sobre los famosos bancos verdes de una plaza característica; con pequeñas mujeres y su incapacidad para cuidar de sus hijos; los bocinazos de los taxistas cansados  de arduas horas de trabajo; edificios chicos, altos, viejos, modernos, es decir, de todo tipo con sus luces que se prendían y apagaban de cada piso que daba hacia la parte exterior; infaltables los carteles luminosos de los locales comerciales que no daban abasto con tanta cantidad de consumidores y por supuesto la vista se enfoco más que nada en las personas carentes, con un largo historial de fracasos a lo largo de sus vidas, con la consecuencia de vivir en la calle.
      Todas estas pequeñas detalles las cuales no son propias de alegría, créanme que a “Loli” le fue de gran ayuda para por fin salir de su burbuja, posicionarse en su entorno, adaptarse y poder criticar a la sociedad que tanto había deseado encontrar, así tal cual, personas cometiendo errores que en definitiva son cosas cotidianas de cada comunidad y nada mejor que aprender de ellos. Y así fue que concluyo su recorrido preguntando a un joven hombre, que la miraba atentamente con un gesto en su rostro como queriendo decir algo: “señor, sabe por qué la gente actúa de esa manera?”, Y obtuvo una gran respuesta: “no sabría contestarte eso, solo sé que me tendré que acostumbrar a esta osadía por el resto de mi vida”. La pequeña estudiante encontró el placer de saber que no todo se basa en porcentajes y que no todo el mundo es color de rosa.

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