Mujer
de piernas delicadas y andar elegante, casi sin proponérselo, captaba la atención de todo tipo de hombres y
no tan hombres. Una especie de mujer fatal para la jerga popular.
Casi con la vista nublada se dirigió a
la calle más transitada de la ciudad en donde le empezó a pasar algo que jamás
había experimentado; comenzó a levantar la cabeza y ver que el mundo que la
rodeaba no eran tan solo números y estadísticas, sino que se encontró con la
frescura de la juventud de aquellos infanto-juveniles que deslizaban sus
skateboards sobre los famosos bancos verdes de una plaza característica; con
pequeñas mujeres y su incapacidad para cuidar de sus hijos; los bocinazos de
los taxistas cansados de arduas horas de
trabajo; edificios chicos, altos, viejos, modernos, es decir, de todo tipo con
sus luces que se prendían y apagaban de cada piso que daba hacia la parte
exterior; infaltables los carteles luminosos de los locales comerciales que no
daban abasto con tanta cantidad de consumidores y por supuesto la vista se
enfoco más que nada en las personas carentes, con un largo historial de
fracasos a lo largo de sus vidas, con la consecuencia de vivir en la calle.
Todas estas pequeñas detalles las cuales
no son propias de alegría, créanme que a “Loli” le fue de gran ayuda para por
fin salir de su burbuja, posicionarse en su entorno, adaptarse y poder criticar
a la sociedad que tanto había deseado encontrar, así tal cual, personas
cometiendo errores que en definitiva son cosas cotidianas de cada comunidad y
nada mejor que aprender de ellos. Y así fue que concluyo su recorrido preguntando
a un joven hombre, que la miraba atentamente con un gesto en su rostro como
queriendo decir algo: “señor, sabe por qué la gente actúa de esa manera?”, Y
obtuvo una gran respuesta: “no sabría contestarte eso, solo sé que me tendré
que acostumbrar a esta osadía por el resto de mi vida”. La pequeña estudiante
encontró el placer de saber que no todo se basa en porcentajes y que no todo el
mundo es color de rosa.
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