Hoy saqué mis
pantuflas, mi bata, sostuve un café humeante y un cigarrillo en mis manos. Me
detuve a reflexionar bajo la mirada de la infinita cantidad de gotas que caían de
un cielo gris bien luminoso que se posaba sobre mi balcón.
Ahí estaba yo, 21 años de vida y otros 50 o más por transitar. Me encontraba sumergido a una especie de conciencia pasada y futura. Los recuerdos me desbordaban, las ambiciones y las ganas de crecer denotaban una sonrisa en mi rostro. Ahí estaba la dulzura de niños jugando por doquier, los unos con los otros sin preocupación alguna. También se encontraba Luis, mi kiosquero de años, pensando en cómo sería su vida si viviera como los oficinistas que mostraban sus elegantes trajes por la ventana del edificio del frente. Sin dejar de lado a Graciela, mi portera, mi solución inmediata, mi tutora cotidiana, viendo entre la cortina de agua como su hija brillaba en el mundial de patín que tanto esperó ser partícipe y por qué no ganadora. Uno que otro vecino con el dilema de levantarse a afrontar horas de estudio o seguir durmiendo placenteramente bajo las sabanas tibias producto de su calor corporal. Paraguas, impermeables, y cabellos húmedos simulaban ser extras en la obra que estaba apreciando. Luego de unos minutos de observar volví a mi…y aquí estoy, sentado con 21 años de vida y otros 50 o más por transitar, con la diferencia que el café ya no humeaba y el cigarrillo yacía consumido vaya uno a saber cuánto.
Ahí estaba yo, 21 años de vida y otros 50 o más por transitar. Me encontraba sumergido a una especie de conciencia pasada y futura. Los recuerdos me desbordaban, las ambiciones y las ganas de crecer denotaban una sonrisa en mi rostro. Ahí estaba la dulzura de niños jugando por doquier, los unos con los otros sin preocupación alguna. También se encontraba Luis, mi kiosquero de años, pensando en cómo sería su vida si viviera como los oficinistas que mostraban sus elegantes trajes por la ventana del edificio del frente. Sin dejar de lado a Graciela, mi portera, mi solución inmediata, mi tutora cotidiana, viendo entre la cortina de agua como su hija brillaba en el mundial de patín que tanto esperó ser partícipe y por qué no ganadora. Uno que otro vecino con el dilema de levantarse a afrontar horas de estudio o seguir durmiendo placenteramente bajo las sabanas tibias producto de su calor corporal. Paraguas, impermeables, y cabellos húmedos simulaban ser extras en la obra que estaba apreciando. Luego de unos minutos de observar volví a mi…y aquí estoy, sentado con 21 años de vida y otros 50 o más por transitar, con la diferencia que el café ya no humeaba y el cigarrillo yacía consumido vaya uno a saber cuánto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario