lunes, 15 de septiembre de 2014

Desagradables seres que juzgan por su condicional social. Desagradable ser fui alguna vez.

Desagradables seres que juzgan por su condicional social. Desagradable ser fui alguna vez. Desagradables seres que lo único que se llenan son los bolsillos y uno que otro pensamiento mal intencionado. Pobre ser, aquel que engañado por una fabula social, atenta contra los de su misma especie: los que no tienen nada. Repugnantes seres, cegados de poder y lujos, que contaminan con sus dichos estúpidos la atmosfera del buen vivir. Pobres aquellos, que emitiendo algún tipo de prejuicio, pierden la oportunidad de conocer a personas buenas, pobres y buenas. Pero si pareciera que la “dignidad” o la “humildad” son los únicos atributos que la sociedad puede darle al pobre de hoy, omitiendo la capacidad, la felicidad, el esfuerzo y bueno, todos las actitudes que puede tener una persona.  Maldita sociedad de clases, que desactualizado resulta eso. Siglo XXI y el mundo aún tiene monarcas, que ironía. A donde vamos y donde estamos….admirando y respetando cada vez más al que tiene dinero, mas y mas dinero; aquel que cambia la dignidad de sus súbditos por tres pedazos de papel de colores; y cuidado eh, la letra chica del contrato avala la humillación, la explotación y la censura a lo que el súbdito puedo decir. Que distinto sería todo, cuanto menos mal nos haríamos si en vez de tener respeto por el que tira papelitos de colores al aire, tuviéramos la admiración y respeto por el que más sabe, por el más culto y sabio ser que rodee un circulo personal , ese ser que prevalece la sensibilidad ante el instinto. De seguro, un ser así sabría las reglas del buen vivir y colaboraría a menos habladurías del mundo y a mas sonrisas compartidas.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mi Dios

Tiempo muerto. Pido gancho. 
Añoro aquellos momentos. Risas, consultas, comentarios
No festejábamos días de. Entre todos, éramos una sola persona.
Afueran ellos con sus regalías, adentro nosotros y nuestra mítica.
Los días en que no hacías rodar la pelota, aprovechabas para vernos comer.
Esa bomba loca, le daban un color a tus días de cansancio.
Eras capaz de salvar y al mismo tiempo de crear vida.
cuatro pollitos juntos. Destellos de felicidad en el aire.
Tus carcajadas ante el humor ácido escucho en mi interior.
Sé que hubo un día que nos fundimos en un abrazo eterno.
Agradezco tu presencia, incluso hoy.
Brindamos, con soda, por los seis.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Me harté del arte.

   Fuerte cosquilleo en mis adentros denota clara sensibilidad del momento.
Vidas paralelas marchando hacia un mismo destino.
Encuentro de diversas almas manifestándose.
Energía que cautiva. Tiempo congelado.
Los niños se divierten sin saber dónde están parados, son libres, son niños.
Jóvenes en busca de encontrarse a sí mismos generan un torbellino de creatividad.
Sentidos en modo ON. Todo sucede por dentro, una caricia al alma.
Breves silencios dejan apreciar el sonido de lo espontaneo, de lo puro.
Afuera llueve. Nunca nadie apreció tanto las lágrimas del cielo caer.
Serán de emoción. Grato sentimiento al que llegamos.
Hacía tanto no me paraba a observar la vida. Hoy no es el momento tampoco.
Solo veo risas, solo veo simpatía, solidaridad y simpleza.
Puedo ver también el amor que nos envuelve. Digo amor porque estoy en
una casa ajena pero un sentido de pertenencia me acoja.
Los rincones de este hogar se pelearán por contar lo que atrás de ellos se esconden.


Es que de eso se trata el arte, de un instante que pinta de rosa la vida ordinaria.

lunes, 26 de agosto de 2013

Opuestos Complementarios

    Eran las 7 de la mañana y el celular cumplía la función de despertador. Sonaba:       “vivo – Gustavo Cerati”. Desayuné algo a las apuradas y salí a esperar el colectivo que me trasladaba hasta la facultad. Era de esos días que uno se levanta de buen corazón, ¿vio?
    Después de 20 minutos de espera, llegó. Subí  y el “ciudad de Córdoba” estaba repleto, solo me quedaba un lugar en la primera fila compartida, lugar que es de uso exclusivo para adultos. Pensé: “si sube un anciano me paro y cedo el lugar, mientras tanto disfruto el cómodo asiento”. A mi lado se encontraba un hombre de unos 70 años aproximadamente. Su mirada era similar a la de un nene que por primera vez visitaba la gran ciudad. “lindo día, ¿no?” susurro, manifestando sus ganas de conversar. “espectacular” respondí, respuesta insignificante si las hay, pero fue suficiente para que el acto comunicativo empezara a fluir. Me contó de su trabajo, de sus hijos, una que otra experiencia de vida; yo en silencio producto de mi atención a sus palabras y tiempo nulo que el anciano dedicaba a mis respuestas. Hablaba, hablaba y hablaba. Cuando pude, pregunté y su respuesta me dejo atónito. Mi pregunta: “¿qué lo trae por estos lados?”, su respuesta: “Todos los días me tomo el colectivo para dar una vuelta. Hago el recorrido completo y vuelvo a mi casa. No tengo destino, solo disfruto cada viaje, ellos le dan brillo a mis ojos”. Fue una respuesta confusa, o tal vez atípica, considerando que se trataba de una conversación de colectivo. Indagué más al respecto y el hombre no quiso dar más detalles.
    
A mitad del recorrido, en la garita veintinueve, se veía a una mujer con sus dos hijos. Aparentemente los llevaba al colegio primario. Debo confesar que apenas subieron, el lugar colapsó de una energía extraña. Se sentaron en el asiento próximo al nuestro. “Mateo y Lourdes, nueve y ocho años. Cecilia, su mamá” fueron sus palabras, mientras los señalaba con su mirada que se perdía en algún lugar profundamente deseado. Por mi lado, me desorientó el hecho que el anciano los conozca y ellos ni siquiera daban muestra de reconocimiento alguno. Entonces volvía a preguntar, esta vez con cierto miedo a su respuesta. “¿los conoce?”. Luego de varios minutos de reflexión contestó: “muchacho, si alguien te dice alguna vez que los grande hacemos las cosas bien, no les hagas caso. Somos víctima de nuestros errores y no somos capaz siquiera de revertir la historia. Somos adultos, el tiempo  pesa y muchas veces no podemos sostenerlo, es tarde para ciertas cosas”.  Esto despertó en mí cierta inquietud. Callé, pensé y respondí: “muchas veces nos dicen a nosotros, los jóvenes, que hacemos las cosas sin pensar y de creer llevarnos el mundo por delante, pero mi teoría es que nunca es tarde para manifestarse. Los tiempos en que nos obligaban a callarnos pasaron, se esfumaron, hoy tenemos libertad, hoy podemos decir y actuar como queramos, ¿por qué reprimir cosas que guardamos? ¿Cuál es el sentido? la vida es corta, usted lo debe saber más que yo”. Instantáneamente el longevo asintió: “si, la vida es corta, si pareciera que fue ayer cuando le cambiaba los pañales a Cecilia. Ahora verla madre de dos hijos hermosos y no poder disfrutarlos me mata lentamente”. Su mirada me lo decía todo, era cálida, resignada pero con algunos destellos de esperanza. Solo atine a darle dos palmadas en su espalda. 
     El viaje llegaba a su fin. Algo debía hacer, no podía solo escuchar el desahogo de una persona y no poder hacer nada al respecto. El señor había confiado en mí, sería poco grato y desalmado si solo me limitaba a unas simples palmadas y palabras de aliento. Recordé que mientras esperaba el colectivo me distraje con unos chupetines que parecían altamente apetecibles. La madre y sus niños seguían en el mismo lugar donde se había ubicado segundos después de emprender viaje. Era mi momento, necesitaba conectarlos, unirlos de alguna manera. Tanta energía contenida debía tener un fin. Entonces actué: le ofrecí mi golosina a mi compañero de viaje y entre susurros y señas, sin que los de adelante se den cuenta, prácticamente le obligué a que se los ofrezca a los retoños. El señor sonrió cómplicemente y obedeció. Tocó tímidamente a Mateo por su hombro y le entregó el presente. El niño sonrió y le ofreció a su hermanita, quien también demostró gestos de alegría. Cecilia volteó y también sonrió. Yo me paré, guiñé el ojo al anciano y procedí a descender del colectivo, mientras los veía jugando como 4 niños vergonzosamente. 
  Una golosina, un chupetín, casualidad, causalidad, vaya uno a saber qué desencadenó todo esto, lo único que me quedó claro es que ese hombre a partir de ese momento cambió su vida, ¿y yo? yo solo sigo siendo un aprendiz y volado de la vida que tiene la fortuna de poder apreciar esos pequeños  grandes gestos que la vida nos ofrece. ¿Qué dice usted Don Juan? Lindo día ¿no?...  

lunes, 18 de marzo de 2013

5 minutos de fan

    Necesito saber el potencial que llevo dentro. Necesito crear, sacar ese algo interno que perturba y pide a gritos salir. Todo está repetido y se puede adquirir en cualquier góndola virtual, en diversos packs. Eso que crees haber encontrado, está hecho, reproducido una y mil veces; remixado en cantidades infinitas.
     Desde los tiempos en que no pasábamos el metro de altura nos inculcaron normas, reglas, puntos de vistas y todo un moldeado pre establecido por la sociedad en que vivimos.
     Es que algo se encuentra latente, lo sé. Hay algo que nos mantiene alertas y que nos hará trascender. Sucede que esa palabra, “trascender” significa sacrificio, significa sudor,  ver las cosas de una manera totalmente ajena a lo que la masa puede llegar a ver. Estamos sumergidos en lo conocido, en lo vulgar, en lo fácil y entretenido.
     Sobran motivos para tocar la sensibilidad de los espectadores; sin embargo todo parece ser una figurita más del álbum que empezamos a completar desde que tenemos uso de conciencia. No divisamos aun que ese cuadernillo puede ser mucho más que un recuerdo guardado en el primer cajón de la mesita de luz. Ese álbum de repente puede resultar ser algo magnifico, grandioso, espectacular y glorioso. No obstante le damos un uso que termina siendo algo no más que un tope para que la puerta no golpee tan fuerte al cerrarse, o puede ser el mejor avivador de fuego para un asado con los amigos. ¿Y lo que connota qué? ¿Qué esconde atrás de simples pegatinas? Esconde recuerdos, esconde diversión, vivencias, calle; esconde tal vez un estilo de vida, que se pierde con un mal empleo de eso que tenemos en nuestras manos, en el hipotético caso de que lleguemos a verlo.
    Me encuentro cansado de los intentos fallidos. Solo o acompañado todo resulta no llegar a la concreción. Es algo tan personal y tan interno que no es posible describirlo con palabras. Basta con una simple mirada de descontento, a la espera de algo, que nunca llega..
    Se trata de la búsqueda interminable de transmitir, de gustar, de dejar una marca impregnada en la cabeza de otro ser. Es crecer, aventurarse.
    Mientras más pasa el tiempo, mas me doy cuenta que no se trata de una buena idea, solo basta con la realización de algo que parece abstracto, pero resulta tan personal que cada espectador puede rellenar el espacio en blanco de acuerdo a los sucesos que han ocurrido a lo largo de su vida. De eso hablamos cuando hacemos referencia al conjunto de figuritas y su connotación.
    Mi concepción de la vida me dice que hay dos etapas que deben cumplirse. Hay una etapa para aprender, nutrirse, admirar, aplaudir o criticar, pero no hacemos más que ver cosas ajenas. La segunda etapa consiste en crear, llevar a su máximo potencial aquello que nos perpetúa en la psiquis de cada uno. Se necesita de un proceso de entendimiento, de conocimiento a sí mismo, de aspiraciones, estados de ánimos. Frustraciones y éxitos son ingredientes básicos de este menú.
    Tal vez si empezamos a confiar un poco más en nuestra capacidad receptiva y creadora, podemos llegar a concretar algo que será aplaudido por muchos, y sobre todo envidiado por la mayoría. Tal vez si nos atrevemos a romper barreras podamos gozar la dicha de triunfar, avanzar, volver a aprender. Pero sobre todo, para bien del ser humano, es necesario transcender.  

miércoles, 15 de agosto de 2012

Avanzas, nadie te detiene. Eres una luz en el espacio. una locomotora humeante. Miras hacia atrás y te caes, un "te quiero" irrumpió.
  No se necesita director, cámaras ni mucho menos actores. Camina con tu música y tendrás la mejor película que hayas visto jamás.