Desagradables seres que juzgan por su condicional social.
Desagradable ser fui alguna vez. Desagradables seres que lo único que se llenan
son los bolsillos y uno que otro pensamiento mal intencionado. Pobre ser, aquel
que engañado por una fabula social, atenta contra los de su misma especie: los
que no tienen nada. Repugnantes seres, cegados de poder y lujos, que contaminan
con sus dichos estúpidos la atmosfera del buen vivir. Pobres aquellos, que
emitiendo algún tipo de prejuicio, pierden la oportunidad de conocer a personas
buenas, pobres y buenas. Pero si pareciera que la “dignidad” o la “humildad”
son los únicos atributos que la sociedad puede darle al pobre de hoy, omitiendo
la capacidad, la felicidad, el esfuerzo y bueno, todos las actitudes que puede
tener una persona. Maldita sociedad de
clases, que desactualizado resulta eso. Siglo XXI y el mundo aún tiene
monarcas, que ironía. A donde vamos y donde estamos….admirando y respetando
cada vez más al que tiene dinero, mas y mas dinero; aquel que cambia la
dignidad de sus súbditos por tres pedazos de papel de colores; y cuidado eh, la
letra chica del contrato avala la humillación, la explotación y la censura a lo
que el súbdito puedo decir. Que distinto sería todo, cuanto menos mal nos haríamos
si en vez de tener respeto por el que tira papelitos de colores al aire, tuviéramos
la admiración y respeto por el que más sabe, por el más culto y sabio ser que
rodee un circulo personal , ese ser que prevalece la sensibilidad ante el
instinto. De seguro, un ser así sabría las reglas del buen vivir y colaboraría
a menos habladurías del mundo y a mas sonrisas compartidas.
lunes, 15 de septiembre de 2014
lunes, 9 de diciembre de 2013
Mi Dios
Tiempo muerto. Pido gancho.
Añoro aquellos momentos. Risas, consultas, comentarios
No festejábamos días de. Entre todos, éramos una sola persona.
Afueran ellos con sus regalías, adentro nosotros y nuestra mítica.
Los días en que no hacías rodar la pelota, aprovechabas para vernos comer.
Esa bomba loca, le daban un color a tus días de cansancio.
Eras capaz de salvar y al mismo tiempo de crear vida.
cuatro pollitos juntos. Destellos de felicidad en el aire.
Tus carcajadas ante el humor ácido escucho en mi interior.
Sé que hubo un día que nos fundimos en un abrazo eterno.
Agradezco tu presencia, incluso hoy.
Brindamos, con soda, por los seis.
Añoro aquellos momentos. Risas, consultas, comentarios
No festejábamos días de. Entre todos, éramos una sola persona.
Afueran ellos con sus regalías, adentro nosotros y nuestra mítica.
Los días en que no hacías rodar la pelota, aprovechabas para vernos comer.
Esa bomba loca, le daban un color a tus días de cansancio.
Eras capaz de salvar y al mismo tiempo de crear vida.
cuatro pollitos juntos. Destellos de felicidad en el aire.
Tus carcajadas ante el humor ácido escucho en mi interior.
Sé que hubo un día que nos fundimos en un abrazo eterno.
Agradezco tu presencia, incluso hoy.
Brindamos, con soda, por los seis.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Me harté del arte.
Fuerte cosquilleo en mis adentros denota clara
sensibilidad del momento.
Vidas paralelas marchando hacia un mismo destino.
Encuentro de diversas almas manifestándose.
Energía que cautiva. Tiempo congelado.
Los niños se divierten sin saber dónde están parados, son libres,
son niños.
Jóvenes en busca de encontrarse a sí mismos generan un
torbellino de creatividad.
Sentidos en modo ON. Todo sucede por dentro, una caricia al
alma.
Breves silencios dejan apreciar el sonido de lo espontaneo,
de lo puro.
Afuera llueve. Nunca nadie apreció tanto las lágrimas del
cielo caer.
Serán de emoción. Grato sentimiento al que llegamos.
Hacía tanto no me paraba a observar la vida. Hoy no es el
momento tampoco.
Solo veo risas, solo veo simpatía, solidaridad y simpleza.
Puedo ver también el amor que nos envuelve. Digo amor porque
estoy en
una casa ajena pero un sentido de pertenencia me acoja.
Los rincones de este hogar se pelearán por contar lo que atrás
de ellos se esconden.
Es que de eso se trata el arte, de un instante que pinta de
rosa la vida ordinaria.
lunes, 26 de agosto de 2013
Opuestos Complementarios
Eran las 7 de la mañana
y el celular cumplía la función de despertador. Sonaba: “vivo – Gustavo Cerati”. Desayuné algo a las
apuradas y salí a esperar el colectivo que me trasladaba hasta la facultad. Era
de esos días que uno se levanta de buen corazón, ¿vio?
Después de 20 minutos de espera, llegó. Subí y
el “ciudad de Córdoba” estaba repleto, solo me quedaba un lugar en la primera
fila compartida, lugar que es de uso exclusivo para adultos. Pensé: “si sube un
anciano me paro y cedo el lugar, mientras tanto disfruto el cómodo asiento”. A
mi lado se encontraba un hombre de unos 70 años aproximadamente. Su mirada era
similar a la de un nene que por primera vez visitaba la gran ciudad. “lindo
día, ¿no?” susurro, manifestando sus ganas de conversar. “espectacular”
respondí, respuesta insignificante si las hay, pero fue suficiente para que el
acto comunicativo empezara a fluir. Me contó de su trabajo, de sus hijos, una
que otra experiencia de vida; yo en silencio producto de mi atención a sus
palabras y tiempo nulo que el anciano dedicaba a mis respuestas. Hablaba,
hablaba y hablaba. Cuando pude, pregunté y su respuesta me dejo atónito. Mi
pregunta: “¿qué lo trae por estos lados?”, su respuesta: “Todos los días me
tomo el colectivo para dar una vuelta. Hago el recorrido completo y vuelvo a mi
casa. No tengo destino, solo disfruto cada viaje, ellos le dan brillo a mis
ojos”. Fue una respuesta confusa, o tal vez atípica, considerando que se
trataba de una conversación de colectivo. Indagué más al respecto y el hombre
no quiso dar más detalles.
A mitad del recorrido, en la garita veintinueve, se veía a una mujer con sus dos hijos. Aparentemente los llevaba al colegio primario. Debo confesar que apenas subieron, el lugar colapsó de una energía extraña. Se sentaron en el asiento próximo al nuestro. “Mateo y Lourdes, nueve y ocho años. Cecilia, su mamá” fueron sus palabras, mientras los señalaba con su mirada que se perdía en algún lugar profundamente deseado. Por mi lado, me desorientó el hecho que el anciano los conozca y ellos ni siquiera daban muestra de reconocimiento alguno. Entonces volvía a preguntar, esta vez con cierto miedo a su respuesta. “¿los conoce?”. Luego de varios minutos de reflexión contestó: “muchacho, si alguien te dice alguna vez que los grande hacemos las cosas bien, no les hagas caso. Somos víctima de nuestros errores y no somos capaz siquiera de revertir la historia. Somos adultos, el tiempo pesa y muchas veces no podemos sostenerlo, es tarde para ciertas cosas”. Esto despertó en mí cierta inquietud. Callé, pensé y respondí: “muchas veces nos dicen a nosotros, los jóvenes, que hacemos las cosas sin pensar y de creer llevarnos el mundo por delante, pero mi teoría es que nunca es tarde para manifestarse. Los tiempos en que nos obligaban a callarnos pasaron, se esfumaron, hoy tenemos libertad, hoy podemos decir y actuar como queramos, ¿por qué reprimir cosas que guardamos? ¿Cuál es el sentido? la vida es corta, usted lo debe saber más que yo”. Instantáneamente el longevo asintió: “si, la vida es corta, si pareciera que fue ayer cuando le cambiaba los pañales a Cecilia. Ahora verla madre de dos hijos hermosos y no poder disfrutarlos me mata lentamente”. Su mirada me lo decía todo, era cálida, resignada pero con algunos destellos de esperanza. Solo atine a darle dos palmadas en su espalda.
A mitad del recorrido, en la garita veintinueve, se veía a una mujer con sus dos hijos. Aparentemente los llevaba al colegio primario. Debo confesar que apenas subieron, el lugar colapsó de una energía extraña. Se sentaron en el asiento próximo al nuestro. “Mateo y Lourdes, nueve y ocho años. Cecilia, su mamá” fueron sus palabras, mientras los señalaba con su mirada que se perdía en algún lugar profundamente deseado. Por mi lado, me desorientó el hecho que el anciano los conozca y ellos ni siquiera daban muestra de reconocimiento alguno. Entonces volvía a preguntar, esta vez con cierto miedo a su respuesta. “¿los conoce?”. Luego de varios minutos de reflexión contestó: “muchacho, si alguien te dice alguna vez que los grande hacemos las cosas bien, no les hagas caso. Somos víctima de nuestros errores y no somos capaz siquiera de revertir la historia. Somos adultos, el tiempo pesa y muchas veces no podemos sostenerlo, es tarde para ciertas cosas”. Esto despertó en mí cierta inquietud. Callé, pensé y respondí: “muchas veces nos dicen a nosotros, los jóvenes, que hacemos las cosas sin pensar y de creer llevarnos el mundo por delante, pero mi teoría es que nunca es tarde para manifestarse. Los tiempos en que nos obligaban a callarnos pasaron, se esfumaron, hoy tenemos libertad, hoy podemos decir y actuar como queramos, ¿por qué reprimir cosas que guardamos? ¿Cuál es el sentido? la vida es corta, usted lo debe saber más que yo”. Instantáneamente el longevo asintió: “si, la vida es corta, si pareciera que fue ayer cuando le cambiaba los pañales a Cecilia. Ahora verla madre de dos hijos hermosos y no poder disfrutarlos me mata lentamente”. Su mirada me lo decía todo, era cálida, resignada pero con algunos destellos de esperanza. Solo atine a darle dos palmadas en su espalda.
El viaje llegaba a su fin. Algo debía hacer,
no podía solo escuchar el desahogo de una persona y no poder hacer nada al
respecto. El señor había confiado en mí, sería poco grato y desalmado si solo
me limitaba a unas simples palmadas y palabras de aliento. Recordé que mientras
esperaba el colectivo me distraje con unos chupetines que parecían altamente
apetecibles. La madre y sus niños seguían en el mismo lugar donde se había
ubicado segundos después de emprender viaje. Era mi momento, necesitaba
conectarlos, unirlos de alguna manera. Tanta energía contenida debía tener un
fin. Entonces actué: le ofrecí mi golosina a mi compañero de viaje y entre
susurros y señas, sin que los de adelante se den cuenta, prácticamente le
obligué a que se los ofrezca a los retoños. El señor sonrió cómplicemente y
obedeció. Tocó tímidamente a Mateo por su hombro y le entregó el presente. El
niño sonrió y le ofreció a su hermanita, quien también demostró gestos de
alegría. Cecilia volteó y también sonrió. Yo me paré, guiñé el ojo al anciano y
procedí a descender del colectivo, mientras los veía jugando como 4 niños
vergonzosamente.
Una golosina, un chupetín, casualidad, causalidad, vaya uno a saber qué
desencadenó todo esto, lo único que me quedó claro es que ese hombre a partir
de ese momento cambió su vida, ¿y yo? yo solo sigo siendo un aprendiz y volado
de la vida que tiene la fortuna de poder apreciar esos pequeños grandes
gestos que la vida nos ofrece. ¿Qué dice usted Don Juan? Lindo día
¿no?...
lunes, 18 de marzo de 2013
5 minutos de fan
Necesito saber el
potencial que llevo dentro. Necesito crear, sacar ese algo interno que perturba
y pide a gritos salir. Todo está repetido y se puede adquirir en cualquier góndola
virtual, en diversos packs. Eso que crees haber encontrado, está hecho, reproducido
una y mil veces; remixado en cantidades infinitas.
Desde los tiempos en que no pasábamos el metro
de altura nos inculcaron normas, reglas, puntos de vistas y todo un moldeado
pre establecido por la sociedad en que vivimos.
Es que algo se encuentra latente, lo sé. Hay
algo que nos mantiene alertas y que nos hará trascender. Sucede que esa
palabra, “trascender” significa sacrificio, significa sudor, ver las cosas de una manera totalmente ajena a
lo que la masa puede llegar a ver. Estamos sumergidos en lo conocido, en lo
vulgar, en lo fácil y entretenido.
Sobran motivos para tocar la sensibilidad
de los espectadores; sin embargo todo parece ser una figurita más del álbum que
empezamos a completar desde que tenemos uso de conciencia. No divisamos aun que
ese cuadernillo puede ser mucho más que un recuerdo guardado en el primer cajón
de la mesita de luz. Ese álbum de repente puede resultar ser algo magnifico,
grandioso, espectacular y glorioso. No obstante le damos un uso que termina siendo
algo no más que un tope para que la puerta no golpee tan fuerte al cerrarse, o
puede ser el mejor avivador de fuego para un asado con los amigos. ¿Y lo que
connota qué? ¿Qué esconde atrás de simples pegatinas? Esconde recuerdos,
esconde diversión, vivencias, calle; esconde tal vez un estilo de vida, que se
pierde con un mal empleo de eso que tenemos en nuestras manos, en el hipotético
caso de que lleguemos a verlo.
Me encuentro
cansado de los intentos fallidos. Solo o acompañado todo resulta no llegar a la
concreción. Es algo tan personal y tan interno que no es posible describirlo
con palabras. Basta con una simple mirada de descontento, a la espera de algo,
que nunca llega..
Se trata de la búsqueda interminable de
transmitir, de gustar, de dejar una marca impregnada en la cabeza de otro ser.
Es crecer, aventurarse.
Mientras más pasa el tiempo, mas me doy
cuenta que no se trata de una buena idea, solo basta con la realización de algo
que parece abstracto, pero resulta tan personal que cada espectador puede
rellenar el espacio en blanco de acuerdo a los sucesos que han ocurrido a lo
largo de su vida. De eso hablamos cuando hacemos referencia al conjunto de
figuritas y su connotación.
Mi concepción de la vida me dice que hay dos
etapas que deben cumplirse. Hay una etapa para aprender, nutrirse, admirar,
aplaudir o criticar, pero no hacemos más que ver cosas ajenas. La segunda etapa
consiste en crear, llevar a su máximo potencial aquello que nos perpetúa en la
psiquis de cada uno. Se necesita de un proceso de entendimiento, de
conocimiento a sí mismo, de aspiraciones, estados de ánimos. Frustraciones y
éxitos son ingredientes básicos de este menú.
Tal vez si empezamos a confiar un poco más en
nuestra capacidad receptiva y creadora, podemos llegar a concretar algo que
será aplaudido por muchos, y sobre todo envidiado por la mayoría. Tal vez si
nos atrevemos a romper barreras podamos gozar la dicha de triunfar, avanzar,
volver a aprender. Pero sobre todo, para bien del ser humano, es necesario
transcender.
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