Desagradables seres que juzgan por su condicional social.
Desagradable ser fui alguna vez. Desagradables seres que lo único que se llenan
son los bolsillos y uno que otro pensamiento mal intencionado. Pobre ser, aquel
que engañado por una fabula social, atenta contra los de su misma especie: los
que no tienen nada. Repugnantes seres, cegados de poder y lujos, que contaminan
con sus dichos estúpidos la atmosfera del buen vivir. Pobres aquellos, que
emitiendo algún tipo de prejuicio, pierden la oportunidad de conocer a personas
buenas, pobres y buenas. Pero si pareciera que la “dignidad” o la “humildad”
son los únicos atributos que la sociedad puede darle al pobre de hoy, omitiendo
la capacidad, la felicidad, el esfuerzo y bueno, todos las actitudes que puede
tener una persona. Maldita sociedad de
clases, que desactualizado resulta eso. Siglo XXI y el mundo aún tiene
monarcas, que ironía. A donde vamos y donde estamos….admirando y respetando
cada vez más al que tiene dinero, mas y mas dinero; aquel que cambia la
dignidad de sus súbditos por tres pedazos de papel de colores; y cuidado eh, la
letra chica del contrato avala la humillación, la explotación y la censura a lo
que el súbdito puedo decir. Que distinto sería todo, cuanto menos mal nos haríamos
si en vez de tener respeto por el que tira papelitos de colores al aire, tuviéramos
la admiración y respeto por el que más sabe, por el más culto y sabio ser que
rodee un circulo personal , ese ser que prevalece la sensibilidad ante el
instinto. De seguro, un ser así sabría las reglas del buen vivir y colaboraría
a menos habladurías del mundo y a mas sonrisas compartidas.