Algunas veces el caer de las gotas hacen perder mi atención de lo que realmente debo hacer. Será que todo movimiento corporal se convierte en la danza que no veo a diario. O será que los ojos de las personas atónitas por las nubes, aparentan recordar ese alguna vez que se añora. O quedan perplejos al sentir ese olor a lluvia que se combina con aquel horno de panadería y sus aromas que remotan a lugares fantásticos.Quizá suceda que me inspire y lea como nunca he leído, escuchar como nunca he escuchado y sobre todo sentir como nunca he sentido. Quizá si, pero pocas veces. Solo sé que un día como hoy es la dosis exacta para dejar todo y hacer lo que deseo, pero acompañado de la mayor inspiración que puedo sentir...Que el tiempo corre de una manera diferente en mi vida.
domingo, 19 de febrero de 2012
Observación desde mi balcón un día lluvioso
Hoy saqué mis
pantuflas, mi bata, sostuve un café humeante y un cigarrillo en mis manos. Me
detuve a reflexionar bajo la mirada de la infinita cantidad de gotas que caían de
un cielo gris bien luminoso que se posaba sobre mi balcón.
Ahí estaba yo, 21 años de vida y otros 50 o más por transitar. Me encontraba sumergido a una especie de conciencia pasada y futura. Los recuerdos me desbordaban, las ambiciones y las ganas de crecer denotaban una sonrisa en mi rostro. Ahí estaba la dulzura de niños jugando por doquier, los unos con los otros sin preocupación alguna. También se encontraba Luis, mi kiosquero de años, pensando en cómo sería su vida si viviera como los oficinistas que mostraban sus elegantes trajes por la ventana del edificio del frente. Sin dejar de lado a Graciela, mi portera, mi solución inmediata, mi tutora cotidiana, viendo entre la cortina de agua como su hija brillaba en el mundial de patín que tanto esperó ser partícipe y por qué no ganadora. Uno que otro vecino con el dilema de levantarse a afrontar horas de estudio o seguir durmiendo placenteramente bajo las sabanas tibias producto de su calor corporal. Paraguas, impermeables, y cabellos húmedos simulaban ser extras en la obra que estaba apreciando. Luego de unos minutos de observar volví a mi…y aquí estoy, sentado con 21 años de vida y otros 50 o más por transitar, con la diferencia que el café ya no humeaba y el cigarrillo yacía consumido vaya uno a saber cuánto.
Ahí estaba yo, 21 años de vida y otros 50 o más por transitar. Me encontraba sumergido a una especie de conciencia pasada y futura. Los recuerdos me desbordaban, las ambiciones y las ganas de crecer denotaban una sonrisa en mi rostro. Ahí estaba la dulzura de niños jugando por doquier, los unos con los otros sin preocupación alguna. También se encontraba Luis, mi kiosquero de años, pensando en cómo sería su vida si viviera como los oficinistas que mostraban sus elegantes trajes por la ventana del edificio del frente. Sin dejar de lado a Graciela, mi portera, mi solución inmediata, mi tutora cotidiana, viendo entre la cortina de agua como su hija brillaba en el mundial de patín que tanto esperó ser partícipe y por qué no ganadora. Uno que otro vecino con el dilema de levantarse a afrontar horas de estudio o seguir durmiendo placenteramente bajo las sabanas tibias producto de su calor corporal. Paraguas, impermeables, y cabellos húmedos simulaban ser extras en la obra que estaba apreciando. Luego de unos minutos de observar volví a mi…y aquí estoy, sentado con 21 años de vida y otros 50 o más por transitar, con la diferencia que el café ya no humeaba y el cigarrillo yacía consumido vaya uno a saber cuánto.
Realidad Irreal
Todo transcurría normal, como
cualquier sábado de primavera. Lolita Había salido a tomar aire luego de un
agobiante clima de estudio. Todavía con la marca de la mano sobre su frente, se
lanzó a la calle sin un rumbo determinado previamente, solo sabía que necesita
escabullirse entre esa masa de gente comprimida que tanto caracteriza al centro
de cada ciudad.
Mujer
de piernas delicadas y andar elegante, casi sin proponérselo, captaba la atención de todo tipo de hombres y
no tan hombres. Una especie de mujer fatal para la jerga popular.
Casi con la vista nublada se dirigió a
la calle más transitada de la ciudad en donde le empezó a pasar algo que jamás
había experimentado; comenzó a levantar la cabeza y ver que el mundo que la
rodeaba no eran tan solo números y estadísticas, sino que se encontró con la
frescura de la juventud de aquellos infanto-juveniles que deslizaban sus
skateboards sobre los famosos bancos verdes de una plaza característica; con
pequeñas mujeres y su incapacidad para cuidar de sus hijos; los bocinazos de
los taxistas cansados de arduas horas de
trabajo; edificios chicos, altos, viejos, modernos, es decir, de todo tipo con
sus luces que se prendían y apagaban de cada piso que daba hacia la parte
exterior; infaltables los carteles luminosos de los locales comerciales que no
daban abasto con tanta cantidad de consumidores y por supuesto la vista se
enfoco más que nada en las personas carentes, con un largo historial de
fracasos a lo largo de sus vidas, con la consecuencia de vivir en la calle.
Todas estas pequeñas detalles las cuales
no son propias de alegría, créanme que a “Loli” le fue de gran ayuda para por
fin salir de su burbuja, posicionarse en su entorno, adaptarse y poder criticar
a la sociedad que tanto había deseado encontrar, así tal cual, personas
cometiendo errores que en definitiva son cosas cotidianas de cada comunidad y
nada mejor que aprender de ellos. Y así fue que concluyo su recorrido preguntando
a un joven hombre, que la miraba atentamente con un gesto en su rostro como
queriendo decir algo: “señor, sabe por qué la gente actúa de esa manera?”, Y
obtuvo una gran respuesta: “no sabría contestarte eso, solo sé que me tendré
que acostumbrar a esta osadía por el resto de mi vida”. La pequeña estudiante
encontró el placer de saber que no todo se basa en porcentajes y que no todo el
mundo es color de rosa.
En busca de soCiego
Dicen por ahí que mientras más buscas al
amor menos se encuentra. Esto fue tan solo una teoría la primera vez que lo
escuché, era algo como tan general que no entraba en mi cabeza, de grandes
proporciones por cierto. ¿Cómo una persona puede encasillarse en que se resiste
al amor solo porque considera que pensándolo nunca lo encontrará?
Luego de analizar en profundo el tema llegué a
una conclusión: Las personas somos diferentes, cada una actúa como es; en mi
caso sostuve la idea de ponerme un objetivo y cumplirlo, soy fiel a que “mientras
más lo pensás mas te esforzás por conseguirlo”. Tras pasar un tiempo tratando
de encontrar, a lo que la jerga popular llama “media naranja”, no pude hacer
que mi objetivo se cumpla. Esto me estaba volviendo loco, eran tantas las
ansias, la emoción y las expectativas de poder disfrutar mis buenos y malos
momentos acompañado que se volvía insoportable la cuestión. Mi remedio fue
olvidarme por completo de esa osadía.
No sé cómo pasó, ni dónde, ni cuándo y
mucho menos tengo un por qué a todo lo que me sucedió después. Mientras dormía
pude visualizar a esa mujer que tanto había pensado, con sus cabellos dorado,
si piernas altas y brillantes, sus ojos miel y sus manos delicadas que parecían
las de una muñeca a punto de estrenarse. En su rostro se podía apreciar su ángel,
su carisma y la simpleza que tiene una persona del interior; cálida, carnal, y
mucho amor para dar. El punto fue que esa mujer era mucho más grande que yo en
ese momento. No podía encontrar la razón
por la que pasaba tal cosa. Ese día desperté con lágrimas en los ojos con una
sensación de felicidad y descontento a la vez, lo primero, por haberla visto
casi tan real, y lo segundo porque solo fue un sueño.
Mi alegría fue desapareciendo lentamente
mientras pasaba el tiempo; ni la encontraba, ni siquiera la podía soñar
nuevamente. Así fue que decidí resignarme al amor que tanto había pensado y
proyectado, para poder disfrutar de lo que llenaba mi vida: mi trabajo y mi
familia, por la cual había apostado sin importar mí pasado con aquel amor que
había soñado alguna vez.
Hoy estoy acostado mirando a la mujer con
la que me casé, tuve hijos y vengo teniendo una vida llena de sorpresas y
alegrías. Hoy me di cuenta que aquella frase que escuché hace un tiempo atrás
no era solo una teoría, sino que es la verdad, por algo mis mayores me lo
decían. Hoy me di cuenta que buscando al amor nunca podrás encontrarlo ni mucho
menos disfrutarlo. Hoy me di cuenta que aquella mujer de mis sueños duerme
todos los días junto a mi lado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)